miércoles, 30 de diciembre de 2009

NEW YEAR! (empezar de cero)



Los últimos días del año siempre son extraños, al menos para mí. Siento que todo alrededor va a ochenta por hora, pero mi velocidad interna con las justas alcanza picos de veinte. Es como si hubiera mucho por hacer y yo no quisiera hacer nada. O, mejor dicho, sí quiero, pero no ahorita, después, cuando empiece el nuevo año.

Quizás no se trata de desgano, sino de ganas de empezar algo nuevo y bien. Por eso guardo las fuerzas, para tener un montón a partir del 1 de enero, para empezar con turbo el verano, para hacer una pausa antes de subir a la montaña rusa de nuevo.

¡Bah! Probablemente no se trate de nada de esto sino simplemente de nostalgia festiva lo que me tiene con las pilas bajas, así como cuando era chica y un progresivo letargo en las voces de green day o oasis me avisaba que las baterías de mi reproductor musical estaban en muere.

Pero es el año el que está en muere, ¡no yo!. Así que creo que será mejor que me anime, que aproveche estos días y horas de aburrimiento para terminar bien lo que empecé, para emocionarme por este fin de semana, por la fiesta y los amigos, por los planes que tengo para la nueva década (¡wow!), por los nuevos proyectos y por cosas tan sencillas como tener la capacidad de sentarme aquí, a escribirles.

Yo recibiré el 2010 en alguna fiesta con mis fabulosos amigos , sonriendo con una chispita mariposa en la mano y con miles de expectativas revoloteando en la boca de mi corazón, cruzando los dedos para que todo salga bien, diciéndome a mí mismo que mis errores no fueron y prometiéndome aprender de ellos. ¡Les deseo lo mismo y más!

y por otro lado tambien podemos pensar en :

Gracias al calendario volvemos a empezar todos los años, solo hay que esperar a Enero. La recompensa por sobrevivir a la navidad ,es el año nuevo que viene acompañado de los tradicionales buenos propósitos, dejas a tras el pasado y vuelves a empezar. Es difícil resistirse a la oportunidad de empezar de nuevo, de dejar tus antiguos problemas a un lado.Quien decide cuando acaba lo viejo y empieza lo nuevo, no es un día del calendario, ni un cumpleaños, ni un nuevo año. Es un acontecimiento grande o pequeño algo que nos cambia que nos da esperanzas. Una nueva forma de vivir y contemplar el mundo, para dejar marchar los viejos hábitos, los recuerdos lo importante es saber que siempre se puede volver a empezar, aunque también es impórtate recordad que entre todo lo malo siempre hay cosas a las que merece la pena aferrarse y otras olvidarlas.

Por que el año que viene nadie podra detenernos, NADIE. :D

martes, 15 de diciembre de 2009

MEDIANOCHE


- ¿Hace Ud. algún tipo de ejercicio?-preguntó el doctor.

Ella recordó la noche anterior.

De inmediato, como si fuese inevitable, sintió dentro de ese frío consultorio el peso del cuerpo de Martín sobre el suyo, su boca buscando a la suya, su lengua lamiendo sus palabras. Te deseo. Yo también. No me dejes nunca. Tócame. Creo que te quiero. Cerró los ojos. Sin quererlo, se mordió despacito el labio inferior. Sintió otra vez esas manos indecisas y hábiles jugando debajo de su camiseta, separando sus piernas, apretándola contra él como si fuera a perderla en cualquier momento.

Estaba a punto de decirle que ella también lo amaba, cuando la voz del doctor la devolvió a esa mañana fría.

- ¿El sexo se considera ejercicio? -preguntó Sofía y trató de esconder una sonrisa que le fue inevitable ocultar, a pesar de su timidez.

Cuando salió del consultorio releyó las indicaciones del médico. “Acostarse todos los días antes de la medianoche. Dormir ocho horas”. Ya en la oficina, escribió un correo electrónico que decía lo siguiente:

Pienso en ti. Las noches largas se terminaron, me tengo que acostar todos los días antes de las 12. Si quieres volver a hacerme el amor de lunes a jueves vas a tener que estar en mi cama o yo en la tuya a las 11.15 pm., como máximo. Los fines de semana lo podemos hacer más de una vez durante el día también, si tienes ganas.

La respuesta no tardó en aparecer en su bandeja de entrada: Entonces, tendré que comenzar a desnudarte más temprano.

viernes, 11 de diciembre de 2009

QUITATE LA VENDA..... SIN ANESTESIA


Es bueno vivir en el cuento de hadas o simplemente olvidarnos de el

Recuerdas cuando eras pequeña y creías en los cuentos de hadas, fantaseabas sobre como seria tu vida, con un vestido blanco y tu príncipe azul llevándote a su castillo sobre las colinas, por la noche te echabas en la cama cerrabas los ojos y te abandonabas a tu fe. Santa Claus, el ratoncito Pérez, el príncipe azul estaban tan cerca que los saboreabas, pero vas creciendo y un día abres los ojos y los cuentos de hadas han volado la mayoría de la gente acude a aquellos en quien confía. La cuestión es que es difícil dejar que los cuentos de hadas desaparezcan a casi todo el mundo le queda una mínima esperanza de que un día abrirá los ojos y vera que se han hecho realidad.

Cuando el día llega a su fin la fe es un misterio, aparece cuando menos te lo esperas, es como si un día te dieras cuenta que los cuentos no son exactamente como habías soñado, el castillo puede que no sea un castillo, no es tan importante eso de ser felices para siempre basta con ser felices en el momento. A veces muy de vez en cuando la gente puede darte una grata sorpresa, de vez en cuando la gente te deja sin respiración.

keep your feet on the ground when yours head's in the clouds to bury the castle ¿enterramos el castillo?

jueves, 10 de diciembre de 2009

FACIL,DIFICIL,COMPLICADO.

EN LA REALIDAD, ¿QUIÉN ES MÁS FÁCIL?

Si seguimos la línea del imaginario popular, las mujeres solo tenemos dos opciones: ser una chica “fácil” o ser una chica “de su casa”. Antes de desenrollar la madeja, pienso, ¿esta misma distinción se puede aplicar a los hombres? Es decir, ¿existen los chicos “de su casa” y los chicos “fáciles”? Veamos.

Se recuerda al público lector que este post puede ser peligroso para la salud mental de las mentes machistas sin distinción de género.

Ojo, estoy escribiendo desde un mito que la sociedad inventó --no sé quién le dio permiso-- y alimentó como pavo antes de Navidad por siglos, no desde la realidad. Todo comienza con el cuento que nos meten en la cabeza desde que somos niños y niñas: “hay chicas para casarse y hay chicas para divertirse” (nueva definición en Wikipedia del machismo para el verbo divertir: tener sexo sin sentimientos); si seguimos esta línea de asunciones, los hombres buscan a las chicas fáciles como objetos de diversión y punto. A esas a las que llamamos “fáciles” porque son “easy-to-get”, es decir, no se hacen las difíciles. Todo lo contrario. Pero atención, no se trata de conseguirlas a ellas, más bien, a algo que te pueden dar sin tanto rollo: sexo.

Dentro de las reglas de este supuesto, jamás osarán presentárselas a su mamá, no saldrán con ellas en público, no serán invitadas a ser parte del grupo de los amigotes y menos de sus sacrosantas enamoradas; simplemente serán utilizadas como una especie de PlayStation con falda por un rato y luego serán descartadas inevitablemente. Siempre serán la trampa, la ruca, la zorra, la regalona o toda esa sarta de adjetivos con los que son definidas, y el tema de burlas con el cebiche y las chelas del sábado después de la pichanga.

Por otro lado, tienen todas las recetas de cómo esconder debajo del saquito el tremendo escote que hay en esta “chica de su casa”. Esta mujer es percibida como una chica “tranquila”, es decir, inocentona, educada, dulce, una señorita con todas las de la ley. A esa chica se la pasa a recoger a su casa y se la deja a una hora “decente”; todo lo que las rodea tiene que tener esa halo, mejor dicho, pequeñísima halo de decencia requerida para la florcita que pasará de adornar el hogar familiar al matrimonial. Es muy probable que el chico interesado tenga que ser presentado a la familia antes de saborear un rico agarre con lengua. Hay que ir despacio con ella. No vaya a ser que se asuste. A esta chica hay que tomarla en serio, cómo no, si es la futura enamorada, novia, esposa y madre de nuestros hijos. Esta chica no llega tarde a casa, no tiene permiso para ir de campamento, viaje o cualquier situación que ponga en peligro su casta pureza.

Bueno, temo decirles que desde mi punto de vista todo esto es falso. Estas dos chicas son suposiciones. Simples convenciones sociales de lo que debe o no debe ser. Ya lo sé, hay gente de todo tipo, incluso algunas calzarían en los estereotipos que acabo de describir, pero no es la mayoría. Así que ¿por qué no extendemos la doble definición también para nosotros los hombres?, ¿es esto posible? ¿Podemos diferenciarnos a nosotros mismos en chicos de “su casa” y chicos “fáciles”?

Mmm. No es tan fácil darle la vuelta miles de veces a este tema, porque partimos de una contradicción. Los hombres, por lo general, somos alentados a salir, a tener “calle”. Haciendo muffins con la abuelita no solo le quitarían el puesto a las “chicas de su casa”, sino que de seguro se ganarían una falsa reputación de raros, potenciales homosexuales o comunes y silvestres lornazas.

He conocido en estos últimos años a varios muestras gratis de este tipo de chico que está más allá del pendejo tradicional; este chico es inescrupuloso, falto de un resquicio de moral y le importa un pimiento si tiene al frente a la novia de su mejor amigo, la hermana de su novia, la prima de su esposa, a una chica que está pasando por un mal momento (¿qué mejor momento para aprovecharse?), a una chica débil, a una chica tonta, a un chica buena, todas o cualquiera son lo mismo. Solo hace falta ser mujer. El fin de semana pasado veía cómo una amiga se estaba empujando una botella de cerveza de pico en un seco y volteado increíble, al ver que el chico con el que había estado “saliendo” la había saludado como quien saluda al portero y se había dirigido directamente a otra chica. Y eso que se lo advertimos porque varios del grupo conocíamos su fama. Es más fácil que hacer un pan con mantequilla. No nos hizo caso. El le metió el florazo barato de “tú eres especial” y ahí quedó todo. Felizmente, mi amiga es una tipa inteligente y en lugar de ir y reventarle la botella en la cabeza al pata optó por la opción digna de estar un rato más en esa reunión y luego irse a casa sola. Me contó al día siguiente que se acostó triste, se despertó aún más triste, pasó una tarde llena de rabia, pero para la noche su razón ya había empezado a funcionar, ¿qué más podía esperar de él? pues nada. ¿Lo quería para que fuese su novio? la verdad es que no. Asunto cerrado. Chico fácil, olvidado. Como él conozco a un par más que también se creen los reyes de su esquina de la de más allá y la de un par más de cuadras, y también a las mujeres que los utilizan. Y la verdad, como amigos está bien. Para algo más, no gracias. Paso.

Algunos dirán “Si pues, soy un pendejo y a mucha honra” (claro, están programados para sentirse orgullosos de un real o inventado historial sexual), otros se preguntarán ¿con qué derecho me lanzo a estereotipar a cierto contingente de muchachos como “fáciles”? (porque estoy seguro de que otro tanto asegurará que ellos son los cazadores, y por esa cavernaria razón son ellos quienes eligen a sus presas; bueno, ya es hora de despertar y oler el café, ustedes también son objeto de caza --aunque no se den ni cuenta, o no quieran ni darse por enterados--), Pues con el mismo con el que a veces somos etiquetados nosotros. Y debo decir que hay un gran punto que muchos olvidan porque es más fácil ignorarlo que hablarlo abiertamente: todo este asunto es puramente sexual.

Si se dan cuenta nuestros entornos alientan a los hombres a vivir su sexualidad a plenitud, les hacen barra para hacerse “hombres” (como si la hombría fuera equivalente a cierta cantidad de polvos, pero en fin, para el macho de hoy, más es mejor); en cambio las mujeres son exhortadas a reprimir no solo su sexualidad, sino a esconderla, como si no existiera, o peor aún, a rebajarla a nivel de objeto, es decir, mientras menos sexo, serás más valorada no solo por los hombres, sino por la sociedad en general. Nuestro cuerpo es una “cosa” que hay que cuidar. Mientras menos uso, será mejor cotizado en el mercado del amor y del matrimonio.

Sin embargo, ¿por qué digo que toda esta diferenciación está basada en un mito? Porque no es real. Esas mentiras no existen y tampoco te llevan al final del cuento de hadas. El cuento del playboy que finalmente se enamora de la chica “de su casa” porque es distinta a las demás (las demás son las “fáciles”, claro está) y deja de ser un pendejo para convertirse en un fiel príncipe azul porque está enamorado, es una farsa. No existe. Qué es lo que valoran de la chica que tienen a lado, ¿solo su kilometraje sexual? Y si la valoran por eso, ¿cómo saben las estadísticas de su “pasado”?

Este ha sido una reflexión basada en hechos reales de la que me quedo con una sola conclusión: a nadie le gusta ser etiquetado, estereotipado y definido, antes de ser conocido. Por una razón muy simple. Todos somos diferentes. Creo que tenemos y nos reservamos ese derecho. Hemos crecido de forma distinta y nos enfrentamos al amor o sus derivados, con las armas que tenemos, como podemos; y eso cambia con el tiempo. No existen dos tipos de mujer ni un solo tipo de hombre. Existen millones, uno por cada persona. Cada quién es libre de escoger.
Por eso creo que existe cierto tipo de chicas en los que sí creo, y que me gustan. Las chicas reales, inteligentes; los suficientemente capaces de sacudirse un poco de la mala educación y pensar de la misma forma como viven, con libertad. Pero una libertad de verdad. Las que no le temen a los hombres que no pueden encasillar dentro de lo desconocido, indescifrable, y por ello, quizás, aterrador. Les aseguro que detrás de algún bonito prejuicio, puede haber una chica de la que se pueden enamorar. Yo ando en busca de una de esas

Así que piensen dos veces la próxima vez que vayan a tildar a una chica de “fácil”, quien sabe, quizás hay alguien a tus espaldas que esté diciendo lo mismo de ustedes. La hipocresía les puede dar una cucharada de su propia medicina. Y vaya que es amarga.

No enfrasquemos a las personas, todos somos diferentes nadie nació minusválido emocionalmente todos podemos enamorarnos y perdonar los defectos del pasado si es que los tuvimos .

PD.a pesar de todo creo a ver sido en algún momento de mida un chico fácil, pero si alguien fácil tiene algo con otra persona y se esfuma eso no lo vuelve en fácil también?.y tu lo fuiste,lo eres?

Uno de los chicos fáciles del cine. Alfie. Miren cómo terminó. (Disculpen la traducción, no encontré esta misma escena subtitulada).

lunes, 7 de diciembre de 2009

EL VIEJO ARTE DE ESTAR SOLO.



Buscar novi@ debería ser un pasatiempo divertido y no una obsesión enfermiza. En mi caso, por lo menos, detrás de este impenitente ejercicio de exploración mundana y selección natural (que ya lleva su buen tiempo) no hay ni un gramo de intranquilidad, desesperación, despecho o angustia, cosas que recién entiendo y que me costo hacerlo.

Si digo que busco novi@ es porque a menudo me provoca conocer a un chic@ que –como una pieza de madera– calce exacta en el espacio pendiente de mi rompecabezas personal.
Pero tampoco me hago paltas. Si llega, genial. Si no, también. La soledad, lejos de intimidarme o asustarme, me resulta confortable. Demasiado confortable, diría. Aunque a mucha gente le extrañe, hay cosas que me gusta hacer preferiblemente solo: ir al cine, shopping, visitar una librería, sentarme en mi banca preferida y fumar escuchando una buena canción y una de mis preferida tomar un buen café únicamente acompañado de mi mismo. Hay días en la U que, incluso, en que almuerzo solo (provisto, eso sí, de una buena revista de actualidad). También me gusta, de vez en cuando, sentarme en la barra de un bar o en la mesa de un cafetín y saber que puedo ver y entender el mundo desde el espumoso y melancólico horizonte de mi vaso de cerveza. Quizá es por eso mismo que disfruto tanto manejando en bicicleta. Estar al volante, maniobrar el timón, pisar los pedales, decidir los cambios e imprimir velocidad a la bicicleta es toda una epifanía de la independencia.

Alguien podría jalonearme las orejas con razón y preguntarme “si tanto te gusta estar solo, qué diablos haces buscando novi@”. Y yo podría defenderme diciendo que una cosa lleva a la otra, porque me parece que únicamente las personas que saben estar solas pueden advertir y valorar después la dimensión de una buena compañía.

A veces creo que esta actitud medio retraída –y que podría parecer una grave propensión hacia el autismo– está relacionada con mis aficiones predilectas (leer y escribir son, finalmente, actos solitarios por definición). Sin embargo, tengo una justificación antropológica más razonable y que se reduce al inapelable hecho fáctico de que al mundo venimos SOLOS y del mundo nos vamos SOLOS. Los nacimientos de mellizos, trillizos, cuatrillizos son siempre una novelería, una rareza digna de las portadas de los diarios (y de las carpas de los circos). Lo normal, lo que se espera, lo típico es que uno nazca solo. Igual pasa con la muerte. Uno se marcha a solas. ¿O acaso alguno de ustedes ha visto entierros en parejas o ataúdes con doble compartimiento? Lo lógico, otra vez, es que la gente se despida individualmente.

Por eso me irritan un poco las personas que no saben estar solas. Esos hombres y mujeres que creen que la soledad es sinónimo de acabamiento, derrota o exclusión. Personas que buscan por todos los medios emparejarse, y terminan enganchándose con alguien a quien no aman, pero que representa eso que tanto persiguen. Sin darse cuenta, acaban enamorados de una figuración, de un espejismo: no de la persona, sino de lo que la persona temporalmente encarna.

Me apenan las personas que no se soportan a sí mismas, que no se toleran, que se asfixian en el silencio de sus habitaciones, y que no se interpelan delante del espejo por miedo a descubrir vaya uno a saber qué incómodas verdades. Esas personas, con tal de combatir su paranoia de quedarse solos, son capaces de estar con quien pueden y no con quien quieren, ignorando que así extienden su tragedia.

Esa actitud responde a una típica mentalidad empapelada de frases como “voy a darme una oportunidad con él”, “no lo amo, pero lo necesito” o “sé que con el tiempo puedo enamorarme de ti”. Desconfíen cuando escuchen esas gentiles fraces, porque detrás de ellas suele haber gente cobarde, miedosa que hipoteca su libertad y se abraza a una relación en la que no cree.

Tengo un amigo que sostiene que uno se empareja porque, inconscientemente, busca un testigo, alguien que pueda dar crédito a tus vivencias y sea quien las corrobore ante los demás. Una especia de fact checker sentimental. Tiene sentido. En todo caso, creo que todos se merecen vivir una larga temporada sin pareja. Pasarla solos un rato, sin más interlocutores que uno mismo.

De hecho, yo no busco novi@ para que me ‘rescate de mi soledad’. Al contrario, busco para que venga a compartirla conmigo.

PD.estoy en un estado de tranquilidad total que no me importa lo pasado mucho menos el futuro ,por que solo vivo este momento y es una paz y felicidad que muy pocas veces la he sentido,

no hay nada como una buena compañia y que mejor si eres tu, disfrutemos nuestro momento hasta que la persona adecuada llega.

Song 2 - Blur

sorry por no poner el video oficial en ese video hay una parte que siempre hago cuando me siento feliz saltar en mi cama :D

sábado, 5 de diciembre de 2009

UNTITLED

Rebuscando en YouTube me encontré con que esta canción que tanto me gusta, tiene un video que, lejos de ser alegre, demuestra que una pareja que se quiso se puede despedir con el mismo cariño con el que se amó.

jueves, 3 de diciembre de 2009

YA LO PASADO , PASADO



EL PASADO ESTÁ MÁS LEJOS DE LO QUE PARECE.

El pasado. ¿Quién puede quitárselo de encima? Que yo sepa, solo en las películas uno puede borrarlo de su mente si así lo desea. Ojalá así funcionara la realidad. Todo sería mucho más fácil. Nos podríamos cruzar todos los días con ese ex que nos hizo la vida a cuadritos y nos pasaríamos de largo sin inmutarnos, no necesitaríamos tiempo, ni terapia, ni amigos en esta dolorosa etapa en la que volvemos a estar solos, después que esa relación no funcionó. Pero, piña. No se puede. Y algunos, por masoquistas, tercos o porque aún guardamos esa ilusa esperanza de que él o ella volverá, nos negamos a dejar de mirar por el espejo retrovisor de nuestras vidas.

¿Y saben cuál es la peor parte? Que la culpa la tenemos nosotros mismos. Recién me di cuenta de esto el viernes pasado, todo por haber escuchado el reproductor musical equivocado.

Estaba buscando el mío dentro del desorden de mis pocas cosas. Ante la frustración de no poder llevar mi música en el bolsillo del pantalón para darme esas habituales escapadas de la realidad, cogí el mp3 chiquito, ese que uso cuando salgo a correr, el que me compré cuando no tenía plata para reemplazar el que me robaron. Gran error. No reparé en mi gran memoria musical. La olvidé por completo.

Ese viernes, en la banca del parque (al frente del BCP para aplacar la curiosidad) , una sucesión de imágenes escondidas, de momentos olvidados y personas que hace tiempo se fueron de mi vida, reaparecieron como si le pusiera 'play' a una película vieja. Las llaves que mantenían esa caja cerrada abrieron todas sus cerraduras, una por una, con cada maldita canción.

Recordé esa vez que tomábamos en nuestro bar. Loco tu forma de ser. Sí, ese ere yo. Estaba feliz. Hace tiempo que no siento ese tipo de felicidad, y la extraño. Tomábamos cerveza de pico mientras conversábamos a gritos sobre la música. Yo te había dicho que iba a invitar las dos primeras chelas de los seis que tomamos y que, al terminar la noche, el barman no nos cobró porque le caímos bien. Regresamos en taxi a mi casa donde nos quedamos, no recuerdo cómo cruzamos el puente. Esa ciudad, a esa hora, en ese estado, contigo, me hubiese gustado retenerla registrada en alguna parte de mí, así como guardo esa foto, la única que sobrevivió en la memoria de mi computadora. Simplemente porque hay recuerdos que son maravillosos; qué importa con quién los hayamos compartido.

Recordé también el día que nos conocimos. Yo te esperaba sentado en la vereda al frente de la iglesia con un cigarro en la mano. Estaba nervioso. Te bajaste del carro azul y yo casi me caigo al tratar de levantarme, pero me sostuviste y casi nos caímos los dos, eso nos hizo reír. Me dijiste que así nunca me iba a olvidar del momento en que nos vimos por primera vez. Tenías razón, hasta ahora tengo la pequeña cicatriz que me hizo la quemadura del cigarro en uno de mis brazos y el recuerdo de tus ojos mirándome solapa mientras caminábamos. Estabas nervioso, también. Luego hizo su aparición, cómo no, toda esa madrugada en la que estuvimos sentados frente a frente en mi banca preferida conversando de todo y de nada, qué importaba, nos mirábamos a los ojos, no podíamos creer lo felices que estábamos, al fin en Ayacucho, otra vez juntos. Amaneció y mientras nuestros amigos se emborrachaban, tú y yo regresamos a casa caminando mientras comíamos churros con majar blanco, en paz.

De pronto, pasó una chica con un perro. El animal era muy grande y tiraba con fuerza de la correa. Ella reía y lo llamaba por su nombre. El perro ni caso. Ella me sonrió al pasar frente a mi banca. Yo le sonreí de vuelta. Justo en ese momento, me di cuenta que todo el tiempo que pasé en compañía de mi mente, sentado donde estaba, estuve solo. Estoy solo. Sigo solo. Todo lo que había guardado en ese reproductor de música era la banda sonora de varios pasados. Es lo malo de jugar con fantasmas. Nunca se sabe en qué momento se aparecen y menos, cuándo se van. Lo bueno es que a esos, a los que yo había llamado con una lista de tontas canciones, ya los olvidé. Ya no los necesito. No los amo más. No los volvería a tener a mi lado, ni compartiría con ellos un viaje, un bar. Me olvidé de mencionar a mi corazón, aunque no creo que le importe mucho. Porque ya no vive quizás allí, donde suena esa música en la que se cuelan risas, gemidos, susurros, promesas, miradas, besos. Amor.

Mi corazón está conmigo. Tiempo presente. El pasado está por allá, lejos, haciendo su vida seguro. Imposible olvidarlo del todo, claro, en algún rincón hay que meterlo; pero sé ahora que también es imposible convivir con él. ¿No es suficiente carga lo que vivimos a diario para acumular mochilas pasadas y pesadas sobre nuestros hombros?

Y ya basta de culparlos a ellos, a los que nos dejaron, a los que nosotros dejamos. Ellos ya no están, no tienen nada que ver con que nos guste anclarnos o no podamos despegarnos de ese tiempo extra dentro de lo que ya pasó y no volverá. Para películas mil veces vistas está Ben Hur, para figuritas repetidas está la infancia, para películas que sí queremos volver a ver está el DVD. Ya sé lo que nos gusta renegar, lamentarnos y meternos látigo con el “ojalá nunca hubiera conocido a fulanito”, “quisiera poder retroceder el tiempo” (esa es mía, todo un clásico), o “¿por qué me enamoré de menganita?". Bueno, porque la vida no está hecha de patrones, no es una línea recta, porque eso de la mala suerte en el amor se lo inventó alguien que jugaba bien a las cartas. En el amor no hay reglas, instrucciones ni estrategias. Estamos llenos de malas experiencias, eso sí, de ilusiones a destiempo, de encuentros fatídicos, de absurdas coincidencias, de errores feroces, de personas equivocadas, de promesas que nunca se cumpliran, de cosas que hacemos borrachos y sabemos que al día siguiente nos arrepentiremos. No podemos pretender vivir el cuento de hadas porque no es real. La vida no es ni será perfecta, el amor tampoco. Y quizás, por mucho que lo quiera creer, no duran para siempre.

Sin embargo, la aceptación, con lo que cuesta, es solo el primer paso, pero muy necesario para poder pasar al siguiente: ya no volverá. ¿Duele? Claro!!!, es un baldazo de agua fría ahora que las calles se llenan de neblina. Pero le cambio a cualquiera ese dolor por una negación que dure mil años. Ya se terminó hace rato. Game over. Pasemos a otro tema. Ya estuvo bueno. The end.

Y ahora ¿qué?, se preguntarán ustedes como yo me lo he preguntado muchas veces. Pues no queda otra que tirarnos de cabeza de nuevo a nuestras vidas. ¿Acaso están tan vacías que nos vamos a meter un clavado mortal? No lo creo. Hay chamba por hacer. Así sintamos la inseguridad de un equilibrista inexperto, ese vértigo vale la pena. Nuestra piscina está llena de otras cosas, que pueden no ser amor, pero que están ahí, esperándonos. Estar solo requiere un poco de valentía, así sintamos que nos vamos en picada de vez en cuando, porque es una lástima pero hasta ahora no están a la venta en los supermercados las recetas mágicas para ser feliz, pócimas milagrosas para tener lo que siempre soñamos o las bolas de cristal que predicen el futuro que queremos.

Solo hay tiempo. Nuestro tiempo. Tenemos dos opciones, mejor dicho tres. Uno. Nos sentamos a esperar que pase algo. ¿Qué cosa? no lo sé. Cuando me he sentado a esperar, solo ha pasado el camión de basura de las tres de la mañana. Dos. Nos levantamos de una, retomamos el camino donde lo dejamos y comenzamos a alejarnos de la parte del pasado que nos hace daño. Tres. Tomamos el camino corto, el que le saca la vuelta a la soledad, y buscamos un clavo que saque al que tenemos clavado. La cena está servida, escoja usted su plato de fondo.

Nadie es un cuadernito en blanco. Somos seres humanos, no un triple raya marca Loro. Sin embargo, podemos cerrar ese viejo álbum de fotos de una buena vez y comprar uno nuevo, o tirarle la puerta en la cara al pasado y gritarle que no la vas a volver a abrir, por lo menos en un buen tiempo. Lo que yo hice fue borrar las canciones de mi compañerito de maratones diurnas en mi banca preferida al frente del BCP. Eso, y todo el tiempo que me tomó volver aquí, a este día de en diciembre que puedo recordar, escribir sobre el pasado, sin rabia, sin pena, y sencillamente seguir. La poeta y psicóloga norteamericana Clarissa Pinkola dice en su muy famoso libro Mujeres que corren con los lobos que cada uno de nosotros (en este caso lo podemos poner en términos unisex) tenemos huesos que quemar. Estos huesos simbolizan lo vivido, mejor dicho, lo mal vivido. La fogata, nuestra libertad.

Al fin encontré este fin de semana lo que estuve buscando: mi Ipod, y lo hallé en el lugar en donde no había rebuscado, donde siempre estuvo. El Ipod correcto. El que me ve reír casi todos los días. El que está lleno de helados de fresa en barquillos de chocolate, del calor de mi pequeña pareja de juegos en el parque, de domingos sin tristeza, de pequeñas alegrías, de lágrimas nuevas, del olor del la lluvia, de mí.
Así de fácil fue como regresé al mundo de las nuevas ilusiones, al presente. He sido buen chico y ya hice mi tarea, por más difícil que estuviera. Ya estoy bien. Ya soy yo otra vez y si en algún momento me pregunté si ya estaba listo para salir o no, ahora estoy seguro de que no solo estoy listo para salir con alguien, sino para enamorarme. Eso me gusta.

¿A quién no le gustan los nuevos comienzos? ¿Alguien más se anima a hacer su fogata?

El pasado duele y muchas veces duele más de lo que se supone debería doler, a veces el pasado está pisando los tacones de nuestro presente, a veces lo que tenemos que olvidar lo tomamos como futuro, duele reconocer y aceptar que algunas cosas ( que por mejor de nosotros mismos y de otros ) deben quedar en el pasado y verlas alejarse con una sonrisa, yo no guardo rencor ni nada parecido a la persona que me enseño estas reglas de tiempo , pero si fue difícil meterlo en el baúl de los recuerdo. Así que aceptemos cuando algo no anda mal y archivémoslo .pero siempre felices porque esas cosas con el tiempo son anécdotas que las recordaremos felices con sonrisas en el rostro. Gracias por todo y bienvenido al club del baúl de los recuerdos.

cancion para toniar y estar siempre feliz =D

Calle Ocho (75, Brazil Street) - Pitbull


El pasado debe estar donde pertenece asi que con ayuda de amy lee te digo todo lo que no pude y no podre , por que con esto, termino. PD: no hay rencor